Maravilloso Desgarro en WordPress

Basta de autocastigarse

MujerRealTengo un par de años desde que me acostumbré a la idea de que soy una chica ‘de bajo mantenimiento’, de hecho lo soy y siempre lo he sido, pero últimamente esa idea degeneró en desarreglada, desaliñada, descuidada, despeinada, desmaquillada, desinteresada y en general peleada con todo lo cursi girly y fashion. Hasta dejé de ver comedias románticas, leer revistas y mirar vitrinas.

Como comprenderás se trata de un caso de suma gravedad, casi-casi una especie de coma femenino.

Me convencí de que esto era por comodidad, y porque yo así lo quería. Y como toda mujer que tiene un hombre que la quiere, ese hombre primero muerto que decirte gorda o fea, porque él incluso bajo tortura te quiere así como eres –y como estás- y no tiene nada más que agregar al respecto porque se tiene que ir a hacer cualquier otra cosa que lo libere de la peligrosa situación.

Una en esto está sola.

¿Sabes ese momento en que no quieres ni verte en el espejo? Sí ¿verdad? y el típico no tengo nada que ponerme, pero  el de ‘no me siento bien en nada de lo que tengo’, no el de ‘todo esto ya me lo puse antes’; sabes cuando ya no quieres usar traje de baño en dos piezas, ni falda, ni short. Sabes el peor de todos, cuando ya no quieres desnudarte y tus sesiones de intimidad son un puto infierno de incomodidad silenciosa en la que lo único que piensas es ‘arriba no porque se me ve el rollo’. ¿lo sabes verdad?

Obviamente empiezas a odiarte a ti misma y a privarte un montón de goces excepto el de la comida y el holgazaneo.

¿Por qué nos hacemos eso? Ambas cosas: uno, el descuido y dos, la no aceptación y amor por como una sea.

Entonces empecé a sentir nostalgia de mí misma ¿cómo era aquello de quedar preciosa con un par de toques? ¿Por qué las chicas se emperifollan de pies a cabeza para ir al cine? ¿Cómo hacen esas chicas grandes para verse redondamente bellas? (esto último es una extraña mezcla de envidia y rechazo, me disculpo por ello)

Me recordé  entaconada a diario de mañana a mañana tanto que hasta podía correr y pasaba la noche entera bailando… hoy me cuesta si quiera estar de pie en zapatos altos, ni qué decir caminar o pasar un día entero en ellos, maquillada pulcramente y experimentando nuevas máscaras, combinada hasta con la ropa interior y el perfume, con manicura y pedicura casera al día… ¿a dónde se fue todo eso? ¿Qué pasó?

Pasó una vertiginosa cantidad de cosas, que no justifican para nada el estado actual.

La verdad es que no se trata de años sino de kilos, pasaron 18 kilos y sí 10 años también.

Pasó que me tomé la década de los veinte con más soda (azúcar, harinas y sedentarismo) del que he debido permitirme. Por algo reza el dicho a los 20 tienes el cuerpo que te dio la naturaleza a los 30 el que te mereces.

Pasó que llegaron los malditos pantalones con corte bajo a la cadera, que puso de moda la infeliz de Britney Spears -mírala ahora, esos pantalones son pavosos-. Y  ahora es un viacrusis conseguir un jean que no te deje al aire la raya del cu… que para más INRI, la verdad, es que ¡ese maléfico corte te saca panza! ¡Sí! Yo podría tener unos kilillos de más, pero parejitos, nada de rollos. Pero entre el corte bajo y AbTronic terminé sacándome un mini koala.

Pasó que dejé de ser una empleada de oficina administrativa y ya no me regían las políticas de vestimenta y me entregué a los perniciosos brazos de los zapatos deportivos y a la ropa cómoda, ancha e informal.

Pasó que siempre me he negado, y negaré, a ser esclava del gasto de tiempo y dinero de una peluquería. Las visito como al ginecólogo una vez al año y de broma.

Pasó que cuando me di cuenta del cambio quise ‘contenerlo’; me negué rotundamente a aceptar la realidad y me compré un montón de modelos distintos de fajas y cremas reductivas que acabaron asfixiando mi piel y llenándome de vasos rotos por el apretujamiento.

Pasó que cuando no me quedó más remedio que comprar ropa nueva, me negué a gastar en un look de ‘gordita autoaceptada’ y me compré ropa para ‘taparme y cubrirme’ pero no para vestirme y lucirme. Es decir gasté dinero, poco eso sí, en autodespreciarme.

Y si no tienes ropa bonita pues ¿para qué ponerme zapatos bonitos, para qué peinarme, para qué maquillarme? Me explico perfectamente, verdad?

Entonces, no sólo mi figura bonita y mis hábitos bonitos se quedaron en el pasado, también la ropa, los zapatos y los accesorios.

A todas estás, diciéndome a mí misma que todo aquello era pasajero, que en breve me pondría a dieta y haría ejercicios, eso sí, una vez que tuviese: el presupuesto para ello, el nutricinista, el menú, el gym, la ropa para el gym… hasta que llegó el momento en que me conformé con un MP3 y salir a caminar.

Aprendí a ser autodidacta con esto de los ejercicios y la alimentación, informándome bien, de hecho no es tan complejo. Pero siempre que comenzaba una rutina algo pasaba (sigue pasando hoy en día: me mudo, me enfermo, me cambio de empleo, cae un meteorito…) que la interrumpía y luego la dejaba.

Luego llegó la frustración de no lograrlo y el horror mismo de lo peor que le puede pasar a una: tratar de entrar en el vestido de fiesta de hace cinco años – ése en el que te ves divina en las fotos, es que el problema no es ser gorda, ¡es haber sido flaca!-, o comparar tu pantalón actual con el que está escondido en el closet y constatar que el segundo es una pierna del primero; ó el momento más embarazoso del año: encontrarte con un ex amante y que te pregunte sin más ¿qué te paso? como si acabaras de salir de accidente múltiple de tránsito.

La verdad, no sé cómo no me entregué a las drogas y el alcohol y ya.

Un día X como que me calmo y sencillamente me quiero sentir bien conmigo misma.

No bella, no piropeada, no sexy, no centro de todas las miradas, no. Sólo Bien Conmigo. Me basta con mi propio amor, y ése es el que quiero conquistar.

Y me da hambre de un atracón de feminidad, comprar tres revistas al mes, ver todas las series, llorar a moco suelto con películas, ponerme un lacito en el pelo, pintarme las uñitas de los pies, rechazar la hamburguesa y pedir una ensalada porque la verdad tanta grasa se me atora ya en la garganta.

Asimismo acaba por darte ganas de pararte una hora más temprano en la madrugada, y sin establecer una meta de kilos o tallas, simplemente quiero respirar el fresco y el silencio, estirarme y hacer yoga o bailar.

Y claro, me enfermo e interrumpo la rutina, pero me doy permiso de recuperarme y la voy retomando sin presión: por gusto.

No estoy intentando ni siquiera ‘gustarme a mí misma’, porque para ello de verdad tendría que tener 22 años, pesar 57 kilos y tener un traserito riquiquito, y eso, nunca va a volver a pasar -menos mal que sí que me lo disfruté bastante *rie pícaramente*- . Lo que estoy haciendo es darme gustos. Gustos de niña: un baño de crema que dura 15 minutos, una pedicure mientras veo Grey`s Anatomy, subrayar con resaltador amarillo la revista Cosmo, fantasear con posibles combinaciones de mi guardaropa, comprarme esos zapatos que me encantaron -aunque siga pensando que no tengo ocasión de usarlos-, prepararme mis comidas pensando en nutrición vs calorías.

Resulta que dejar de odiarme por gorda y vieja -sí, ya sé que ni estoy gorda ni soy vieja por tener 34 años- ¡realmente sirve! Me disfruto más a mí misma y lo reflejo: me siento mejor, ando de mejor humor -un poco más pretenciosa y altiva lo reconozco, pero eso también es bueno, autofianza-, le pongo cariñito a mi apariencia y me siento lúdica y juguetona, y me pongo a buscar nuevas opciones para todo: comer, ejercitarme, arreglarme.

En fin, en general: ¡Se siente tan bien dejar de autocastigarme!

Esta entrada fue publicada el 2 marzo, 2011 a las 14:06. Se guardó como ELUCUBRACIONES, Yo_Myself_Conmigo y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Basta de autocastigarse

  1. Me topé con esto y no quise modificar el post. Un articulo sobre cómo la imagen sí promueve ascensos y aumentos en tu trabajo. Otra razón más para no estar peleada con la belleza y el fashion!

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